Escribe una palabra corta y una celda de la cuadrícula se rellena. Su color guarda cómo la escribiste: la velocidad elige el tono y cada error le quita color. Sin cronómetro y sin vidas: una tecla equivocada solo espera a la correcta. La cuadrícula nunca se borra: cuando se llena la última celda, las palabras nuevas empiezan una capa más pequeña dentro. Termina cuando quieras y guarda el patrón como imagen.