Tú y tu rival escribís el mismo texto. Cada carácter correcto empuja la línea de control hacia su portería; él la devuelve a su propio ritmo y cada error tuyo le regala terreno. Llega a su línea de gol y marcas. El rival iguala tu velocidad pero nunca se equivoca, así que el derbi lo decide la precisión, no la velocidad. Dos partes de 75 segundos; gana quien más marque.